La flor del cobre: un ejemplo de lectura breve en el aula infantil

Para todas las sociedades, el rol de la cultura y el libro es fundamental. Cuando se trata de niños es aun más importante, puesto que en esa etapa es posible desarrollar un hábito lector con alta probabilidad de permanencia durante la vida adulta. Esto último lo sabían los profesionales de la editorial Quimantú (sol del saber en mapudungun), dado que en el año 1971 crearon la colección Cuncuna dedicada al sector infantil. La editorial del Estado de Chile (1971-1973) estaba preocupada por el acceso a los libros para todos, por esta razón, éstos tenían un costo muy bajo, tanto para el mundo infantil como para el adulto. Así, se editaron libros de diferentes autores nacionales, latinoamericanos y de otros lugares del mundo.

Hoy hablaré de un cuento de Marta Brunet llamado La flor del cobre que pertenece a la obra, también editada por Quimantú, Cuentos para Marisol (1938). 

El cuento tiene un protagonista: don Quejumbre-No-Hace-Nada. De esa manera aparece escrito cada vez que el narrador se refiere a él (porque así le dicen en el pueblo). Se destacan desde el comienzo las características de este hombre, puesto que aquellas son el tema principal del relato. Don Quejumbre-No-Hace-Nada se queja por todo, le duele todo y nunca hace nada, ni por él, ni por su esposa doña María Soplillo, ni por nadie.

Un día a don Quejumbre-No-Hace-Nada le duelen las muelas y va en busca de algún medicamento que lo alivie. En el transcurso, una mujer le dice que ella tiene algo que le quitará el dolor no solo de las muelas, sino que cualquier tipo de dolor. Don Quejumbre-No-Hace-Nada no lo puede creer y le pregunta:

“¿Y qué remedio es ése, Misiá?” Y ella al tiro me contesta: “Es la Flor del Cobre”. “No la conozco, ni nunca la había oído mentar”, le respondí. Y ella va y me ice: “Aquí tiene la semilla, váyase para su campito y la siembra, y en cuanto florezca verá cómo se alivia de sus muchos achaques.

La mujer le había dado un saco de semillas, pero también le advirtió que debía plantarlas todas. Al día siguiente Don Quejumbre-No-Hace-Nada, que había dejado la tierra limpia  la jornada  anterior, plantó las semillas, sin embargo éstas no se acababan nunca. Estuvo diez días plantando semillas y limpiando la tierra hasta que, por fin, un día se le acabaron.

Poco a poco las semillas desarrollaron la “Flor del cobre”, pero aquella planta no era más que muchas matas de maíz. Don Quejumbre-No-Hace-Nada se convenció que debía cuidar dichas matas, dado que eran hermosas y fuertes. Al cabo del tiempo:

“empezaron a comer hechos ricas humitas por mano de doña María Soplillo, cuando no eran cocidos y en unos pasteles con pino y todo. Y como los choclos cada vez cundían más, resolvieron cosecharlos y venderlos en el pueblo. Pero eran tantos, tantos, que dejaron una parte en la casa para hacer chuchoca y otro poco para darles a las aves, y el resto, en la carreta del compadre Juan Pablo Retamales, que se las prestara, lo llevaron al mercado, sacando por él un buen precio.”

A  don Quejumbre-No-Hace-Nada se le llenaron las manos de monedas…

“Con razón le dijo la Misiá que se le quitarían toítos los males. Hace tiempo que no lo oigo quejarse e na. Y la Flor del Cobre sus güenos co­bres y chauchas y pesotes que le ha dao…”

Finalmente, don Quejumbre-No-Hace-Nada y doña María Soplillo reflexionan sobre la extraña mujer que les entregó las semillas, llegando a la conclusión de  “qu’era la merma Mamita Virgen de los Cielos…”

La flor del cobre es un cuento breve, por tanto permite una lectura (individual-silenciosa o colectiva-voz alta) y un trabajo de interpretación guiado dentro del aula. El espacio que se describe es un “campito del sur” y en ese contexto se emplea un lenguaje particular chileno digno de comentar con los alumnos pequeños, sobre todo por los prejuicios que puedan existir hacia ese tipo de expresiones distintas al castellano de otras zonas del país.

El cuento es una fuente rica en cuanto a las creencias populares y religiosas del sur de Chile y Marta Brunet fue capaz de retratarlas, únicamente, con dos personajes a los cuales les da voz y diálogo dentro de una anécdota que será relatada al mundo infantil del país.

Aquí se mezcla el mundo real con un toque de misterio que da lugar a más de una interpretación. El docente puede jugar con eso antes de terminar el cuento, por ejemplo, preguntar a los alumnos quién creen que puede ser aquella mujer extraña regalando semillas ¿una bruja? ¿un ángel? ¿un médico? y luego contrastarla con el final real del cuento.

En definitiva, un cuento ideal para trabajar dentro del aula y que puede dar más de un debate entre los pequeños. Es de esperar que en un futuro próximo exista una editorial física o digital que tenga obras de calidad, al acceso de todos, como alguna vez lo fue Quimantú. Por ahora, una fuente que debería ser imprescindible para cualquier docente o para cualquier persona preocupada por la lectura y su función social es el sitio web de Memoria Chilena (http://www.memoriachilena.cl), del cual extraje la información del primer párrafo de este post y la imagen de la portada del cuento.

Las citas de la obra fueron extraídas del sitio de Marta Brunet de la Universidad de Chile (http://www.brunet.uchile.cl/cuentos/cuentos_marisol/la_flor_cobre.htm)

Portada de
Portada de “La flor del cobre” de editorial Quimantú

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s