Leer y saber los libros informativos para niños: Visita de Ana Garralón en Chile

En Intralij haremos un necesario paréntesis entre los temas de evaluación de la lectura, pero no nos vamos tan lejos. Se trata de la visita a Chile de la especialista en textos informativos para niños Ana Garralón. Muchos de ustedes ya la conocen, puesto que es la responsable del blog Anatarambana (http://anatarambana.blogspot.cl/), a través del cual nos mantiene informados y desde el cual nos comparte sus reflexiones en torno a los libros que se dirigen al público infantil.

Ana realizó diferentes actividades en Santiago de Chile, entre ellas: la conferencia inaugural del IV Seminario Internacional de Bibliotecas Públicas; un encuentro en la editorial SM; una Clínica sobre libros informativos (un acercamiento al género desde la práctica) en la casa PLOP! ; un conversatorio con integrantes de Colibrí Ibby Chile; un encuentro con las Bibliotecas Escolares CRA en el contexto de la Feria Internacional del Libro de Santiago, entre otras.

Dentro del tiempo que Ana nos brindó, hemos podido conocer su libro “Leer y saber los libros informativos para niños” (2013), el cual presentó en Plop! galería el día 23 de este mes.

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Si tuviera que resumir el libro en una única palabra sería INSPIRACIÓN. Quizá es un término más adecuado para un texto literario, sin embargo, tal como plantea la autora, los textos informativos, expositivos o de no ficción, también pueden provocar emociones y no por eso dejan de ser informativos:

“[…] Esta dualidad en los modos de leer es lo que ha hecho que los libros informativos se hayan clasificado únicamente como textos de los que se puede extraer información, mientras que los literarios brindarían la oportunidad de aislarse del mundo real para sentir experiencias estéticas y emocionales” (211).

Durante la lectura de “Leer y saber los libros informativos para niños” nos damos cuenta de más de algún prejuicio hacia los textos informativos, como por ejemplo, que la narración es propia de la literatura y que un conocimiento de historia, química o física no se puede narrar. O que un texto informativo nos debería entregar más respuestas que preguntas (cuando fomentar el pensamiento crítico es todo lo contrario).

El libro contiene tres partes: la parte uno trata de por qué necesitamos lectores con nuevas competencias, es decir,  por qué necesitamos que los niños también lean textos informativos y qué son realmente estos textos. La parte dos, mucho más extensa, trata de cómo podemos reconocer un texto informativo, qué características podemos apreciar a simple vista, cómo son los contenidos, cómo son las imágenes, ejemplos de textos informativos, cómo es el texto escrito, entre otras características relevantes que la autora profundiza y sabe ejemplificar muy bien, con un lenguaje digno de una buena divulgadora del conocimiento. La última parte, más práctica que teórica, trata de la importancia de los mediadores y su relación con los textos informativos. Además, se entregan innumerables ideas para trabajar estos textos antes, durante y después de la lectura, no solo en el aula, sino que también en entornos familiares o en bibliotecas.

La forma en que la autora va entregando la información es sencilla, sin muchos tecnicismos, pero con una claridad que pocos alcanzan. En este sentido, se articula una mezcla entre teoría, práctica y motivación que, a modo personal, me parece inspiradora para cualquier mediador, profesor, bibliotecario o interesado en divulgar el conocimiento a un público curioso y ansioso de saber por el placer de saber.

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En la “Clínica sobre libros informativos” Ana nos presentó muchos ejemplos (que también se encuentran muy bien explicados en el libro) para discutir si pertenecían o no a la categoría de “informativo”. Ahí nos dimos cuenta que inconscientemente teníamos etiquetas mentales que nos hacían la tarea más difícil, por ejemplo, la incorporación del cómic a un texto divulgativo. Cuando observamos ese formato, descartamos casi inmediatamente la posibilidad de que tal texto fuese informativo. Aprendimos que para poder presentar conocimientos a los niños, se pueden tomar ciertas “licencias ficcionales” que acercan el contenido a los más pequeños.

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En el contexto de FILSA y junto con las Bibliotecas escolares CRA, Ana nos habló del lector que se enfrenta a los textos divulgativos y especificó que, a partir de estos últimos, no solo se aprenden herramientas para la experiencia personal, sino que también herramientas emocionales. En ese sentido, como lectores podemos enfrentarnos a un texto informativo de modo eferente, pero también de un modo estético, en otras palabras, no solo la literatura despierta emociones, un texto informativo también puede hacerlo sin perder la categoría de no ficción.

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Por todas estas razones, Ana hace un llamado a bibliotecarios, profesores y mediadores a que varíen sus lecturas y recomendaciones y se arriesguen a proponer textos informativos de distintos temas. También hace un llamado a los profesores que no son del área de lenguaje, dado que en subsectores como música, arte, ciencias o matemáticas hay un mundo de libros por descubrir.

¡Gracias Ana! y ¡hasta pronto!

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