¿Es lo mismo el fomento de la lectura que la educación literaria?

Después de varios meses fuera de las redes, por motivos que igualmente involucran la lectura y su desarrollo en primera infancia y adolescencia, Intralij vuelve a la discusión y reflexión. Esta vez planteo una pregunta en torno a dos ámbitos: El fomento lector y la educación literaria. ¿Son lo mismo? ¿Son dos ámbitos distintos? ¿Se ayudan? ¿Se oponen? La mayoría podría responder que son temas o ámbitos diferentes, pero ¿Por qué lo afirmamos con tanta seguridad? Hoy en día la escuela tiene la responsabilidad de abarcar ambas áreas ¿cómo lo desarrolla con una y con otra? Estas preguntas podrían encontrar respuesta si primero somos conscientes de qué se entiende por cada una de ellas y si lo que entendemos concuerda con nuestras intenciones u objetivos.

El Fomento lector, según Lluch, G. y Zayas, F. (2015) estaría relacionado con el goce, con el compartir experiencias de lectura. En este eje el lector es libre y por tanto elige lo que quiere o no leer y de qué forma lo hace. Además, podría entregarse un contexto en donde las actividades que se realicen (pensando en que parte de la responsabilidad del fomento es de la escuela) sean para simplemente hablar de las lecturas realizadas y poder socializar. Por último, el lugar idóneo para estos encuentros sería la biblioteca escolar  y no la sala de clases de lengua y literatura.

Por otro lado, la Educación literaria, según los mismos autores, estaría relacionada con la formación de lectores literarios, es decir, desarrollar competencias que le permitan a un lector tener herramientas al momento de enfrentarse a diferentes tipos de textos literarios. Para que lo anterior pueda suceder, las lecturas que deben analizarse o estudiarse no siempre son del gusto de un lector X y muchas veces son más complejas, ya que permiten mostrar distintos niveles de interpretación, entre otros elementos y recursos literarios. Se desprende entonces que estas lecturas no son de libre elección, pues están seleccionadas con fines específicos por el profesor de lengua y literatura (o mediador). Por último, en esta área la lectura es guiada y se realiza en la sala de clases.

Ahora que hemos definido lo que es cada una de estas áreas conviene responder ¿Son lo mismo?

Efectivamente no, y esto último sucede porque tienen objetivos distintos. Sin embargo, ambos objetivos (gozar de la lectura y formar lectores competentes) deben ser considerados por la escuela y esta debe proporcionar a los estudiantes metodologías explícitas y declaradas que los apoyen.

Ahora bien, saber que el fomento lector y la educación literaria son áreas con distintos objetivos no debe  dar la idea de que son opuestas y no se deben relacionar. De hecho, existen muchas ventajas si ambas se desarrollan en la misma proporción. Por ejemplo: saber lo que los estudiantes leen en sus espacios personales puede ser un antecedente rico para el profesor, pues éste último podría crear nexos entre lo que sus alumnos leen y lo que se está analizando en la clase de literatura. Tener dominio del bagaje lector de los estudiantes permitiría llegar con más facilidad a temas más complejos de tratar.

Personalmente, creo que la escuela actual se encuentra desproporcionada. En los currículum educativos se declara que el fomento lector tiene un rol fundamental incluso para formarse como ciudadano, sin embargo, en la realidad, la balanza está más cargada a la educación literaria, dejando de lado el goce y el disfrute de la lectura personal. La escuela debe hacerse cargo de que instancias de socialización de lecturas personales realmente ocurran y sean sistemáticas. Muchas veces el ánimo por desarrollar este tipo de encuentros llega hasta la primera infancia y luego, en la adolescencia, pierde fuerza. Los adolescentes son subestimados y tienen mucho que decir, solo basta ver el número de ventas que tiene el sector editorial en las secciones juveniles.

Por otra parte, la escuela tiene mucho por hacer en el ámbito de la educación literaria. Preguntarse por nuevas metodologías, integrar en ella el fomento lector, no convertir las grandes obras en instrumentos de evaluación de selección múltiple, entre otras prácticas que lamentablemente parecen pan de cada día en el sistema escolar actual. Es cierto que el sistema educativo en general tiene deficiencias, pero como docentes o mediadores podemos hacer cambios.

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