La formación del lector escolar: lectura para profesionales y mediadores

Dentro de la colección [Re]pensar la Educación  de la editorial Prensas de la Universidad de Zaragoza, a fines del año recién pasado, se presentó el título “La formación del lector escolar. Oportunidades desde el entorno familiar, educacional, cultural y social”. Este ejemplar, escrito por la fundadora de la Coordinación Nacional de Bibliotecas Escolares/CRA del Ministerio de educación de Chile Constanza Mekis, corresponde a todo un proceso de investigación cualitativa realizado en tres escuelas del mismo país y de una misma ciudad (Santiago), que a su vez se pueden clasificar según su sistema de financiamiento y administración, es decir: Escuela municipal, subvencionada y privada. El objetivo del estudio consistió en conocer de cerca distintas realidades en las cuales se desenvuelven diferentes tipos de lectores. Además, se describen los diversos factores que pueden influir en el desarrollo de un alumno para que éste logre conformarse como un lector crítico o “buen lector” al egresar de la enseñanza obligatoria. Finalmente, el trabajo de campo realizado considera la relación que tienen dichos perfiles lectores con la biblioteca escolar en cada una de las realidades mencionadas.

El libro se divide en seis capítulos. El primero de ellos ¿Cómo estudiar  la formación del lector escolar en un contexto de desigualdad? Aproximaciones a la realidad chilena, contextualiza el entorno en que se realizó el estudio. Este marco engloba el trabajo que tienen y han tenido las bibliotecas escolares CRA en el país. Por último, se explica el proceso metodológico con que se realizó la investigación y cómo fue la recolección de los datos.

El segundo capítulo Realidades desiguales: las escuelas y sus alumnos profundiza en los relatos de cada uno de los establecimientos presentando diálogos reales de diferentes perfiles lectores. Es conmovedor leer las experiencias de los alumnos y su relación con la lectura en cada uno de los contextos que toma el estudio:

 Escuela municipal:

Sebastián le respondió: «A mí no me gusta leer, veo las imágenes, no leo. No quiero saber nada, tengo celular nuevo que parece una tableta, tengo la cabeza rodadora, Francis y Nick están matando zombies». Por fin hace una pregunta. «¿En el iPhone se pueden ver películas?». Ángela le responde: « ¿Y qué tiene que ver eso con los libros?»

 Escuela subvencionada:

Tiene 11 años, vive con su mamá, sus abuelos maternos y su hermano. En el hogar hay una biblioteca con libros de diversos temas. Aun así, dice que la única persona que lee en su casa es su hermano y que los libros no son tema de conversación. En la casa, ella lee en el comedor y necesita solo un poco de silencio para concentrarse.

Escuela particular:

Es un niño de pocas palabras, que se considera el buen lector de su casa en ella dice que hay unos 120 libros repartidos entre la sala de estar y su pieza. La lectura que ha compartido con sus padres es El señor de los anillos, el que considera su libro preferido. Para leer solo necesita estar con la ventana abierta.

En el tercer capítulo La lectura y su contexto extraescolar se evalúa el papel de la familia en la formación de los lectores. Se profundiza en cuanto a la ubicación de los libros en el hogar, cantidad de libros que rodean a los lectores en formación, lugares de la casa en donde les gusta leer, entre otros aspectos. También se observa el rol de los padres en cuanto mediadores, ya que se observa si existen momentos donde se puedan compartir las lecturas, comentarlas, dialogar sobre sus experiencias, si los padres leen y qué es lo que leen delante de sus hijos. Llama la atención la concepción y las creencias que tienen los alumnos con respecto a la acción de leer, puesto que algunos consideran que ser un buen lector significa leer más rápido y otros, que ser un buen lector es disfrutar con lo que se lee. Estas últimas creencias también están ligadas a las familias:

Danilo, considerado no lector de la escuela subvencionada, dice que su papá es un buen lector porque lee 500 palabras por minuto. Aquí se ve como una práctica escolar –la medición de la velocidad lectora- aparece también en el hogar.

El cuarto capítulo la lectura en la atmosfera escolar, de casi 40 páginas, ahonda en los agentes que intervienen dentro de la escuela: profesor como mediador cultural, prácticas de lectura que se realizan en las tres realidades, las conversaciones entorno a los textos leídos y la obligatoriedad de lecturas en contraposición con el placer de leer. Lamentablemente, en la escuela municipal y en la subvencionada existe poco diálogo con respecto a las lecturas. Los alumnos reflejaban poca capacidad y costumbre para hablar y compartir lo que han leído y están más bien acostumbrados a responder preguntas que a iniciar una conversación. También se aprecia una desconexión entre lo que se lee en la escuela y los intereses  de los alumnos. Solo en la escuela particular la lectura podía ser a elección y eso ayudaba a que la concepción del placer de leer se entendiera no simplemente como algo “divertido”, sino que como una forma de leer más profunda que requiere mayor atención. En este capítulo se evidencian los problemas que posee Chile con respecto a la formación de profesores, pues actualmente es inadecuada e insuficiente con respecto a formar profesores-lectores que actúen como mediadores.

En el penúltimo capítulo Gustos por la lectura y su valoración se observa el accionar de la escuela frente a los gustos de los estudiantes. El rol que está cumpliendo la biblioteca escolar, los bibliotecarios y los mismos docentes. Se observa la necesidad de hacerse cargo de una diversidad de gustos. Asimismo, el estudio da cuenta que lo que piensan los docentes difiere de lo que piensan los alumnos con respecto a los intereses y se refleja esta desconexión antes mencionada.

Ya en el último capítulo Instancias y espacios de lectura en la escuela, la biblioteca escolar CRA se pueden apreciar conclusiones del estudio:

  • Falta más integración de las bibliotecas escolares CRA en el currículum
  • Como país, nos falta mucho para formar lectores de calidad
  • Los cambios que ha habido con respecto a la lectura aun no se reflejan en la planificación didáctica ni se observa en su estructuración
  • Faltan cambios en la formación inicial docente (alfabetización informacional)
  • Incorporar sistemas de evaluación que sean más amables con el fomento de la lectura

Finalmente, el libro “La formación del lector escolar. Oportunidades desde el entorno familiar, educacional, cultural y social” viene a iluminar varios caminos para poder ser más críticos con nuestro entorno como mediadores. Si bien las conclusiones no son gratificantes, se nos plantean como desafíos y nos sirven para poder orientar nuestras prácticas como padres, docentes, tíos, en fin, como mediadores y formadores de las próximas generaciones. En Chile nos queda mucho por hacer. La situación de las tres escuelas observadas en el estudio refleja claramente las desigualdades económicas existentes y esto influye en la formación de los lectores. La escuela debería hacerse cargo y cubrir parte de estas desventajas (relacionadas con el capital cultural) sin embargo para que pueda hacerlo hace falta mejorar, por ejemplo, la formación docente, ya que ellos son los principales mediadores y juegan un rol central.

portada

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s